lunes, 22 de julio de 2013

Trampa para intrusos.

No dispongo de capital suficiente para adquirir un sofisticado sistema que me proteja de curiosos, embaucadores, incluso de amantes de lo ajeno, compuesto fundamentalmente por mis objetos personales, que aún en su humilde condición, son mi único e ireproducible acervo.
Pero me veo en la obligación moral de defenderme de todo ello con riguroso criterio aunque sólo sea de manera anecdótica, sin demasiada convicción en su contrastada eficacia y aunque su efecto repelente consista en un mero y efímero malestar sobre el futurible delincuente.
Rebuscando entre mis recuerdos y curioseando en revistas y periódicos a la caza de alguna técnica barata al alcance de mi precaria economía, no termino de hallar un método o truco o receta irónicamente infalible que me defienda de ese terror minúsculo que a veces se apoya en sus patas terribles para vociferar en medio de la noche como lo haría el baribal en el seno impenetrable de la jungla. (Recomiendo a todos no incluyan como instrumento de tortura esa sensación terrible).

Abstraído en estas ínfértiles pesquisas, concluyo que la solución pasa por el uso de un método novedoso basado en un factor no sólo compuesto del insulso ingrediente de la sorpresa si no - y aquí surge mi talento - en un elemento que es sin duda la mas hiriente de las técnicas disuasorias.
Pasando a la acción tomo un folio en blanco,un chapón de medidas similares al del papel referido y un rotulador negro y escribo con letras bien grandes y en mayúsculas tres palabras y cuelgo el conjunto en la puerta de mi casa :

" Uso materiales deletéreos ".

Es obvio que el rotulador empleado ha de estar elaborado con tinta indeleble y que todos los materiales utilizados han de ser fungibles de modo que todo adquiera un valor indescifrable.
 Ya os iré comunicando los resultados.

¿Sigues ahí...?

domingo, 21 de julio de 2013

Relato breve con simple introducción al respecto. Se adjunta ejemplo.

De todas formas no soy el primero ni seré el último en gastar algo de tiempo en definir su ideal de relato.
Además de lo sorpresivo, lo atrayente debe ser una acción ambigua, múltiplemente justificable, un acabose que deje al lector suspendido en un pensamiento propio que de no haber existido el cuento tampoco habría sido dado a la luz - o a la sombra - de su mente.

Ejemplo :

Supongamos que detrás de unas cortinas el observador contempla un par de zapatos que sobresalen.
La densidad de la tela no permite adivinar ni la altura ni la envergadura del presunto propietario del calzado y que se esconde no sabemos con qué malignas o insulsas intenciones.

Se acerca con dudosa temeridad, extiende el brazo y descorre las cortinas de manera finalmente decidida para reencontrarse consigo mismo tras varios años de búsqueda.
Eso si, poco intensa.
El corazón como simiente.

La ardilla obedece al afán de la presente temporada y en su quebradiza y amenazada existencia dedica  la mayor parte de su tiempo en hacer reservas para el invierno. Frutos maduros, nueces y bellotas mas algún  que otro apetecible brote formarán parte de la despensa que aquí y allá irá distribuyendo bajo la atenta mirada de sus múltiples enemigos, que no dudarán en darle caza al menor descuido finiquitando asi sus servicios sin nota de agradecimientos.

Supongamos que la bellota logre sobrevivir al caluroso verano y con las primeras lluvias de otoño un delicado arbolito asomara por entre la hojarasca. He aquí el asunto.
Y de no ser así, ¿ por qué criticar la acción de hongos y parásitos sobre el fruto que a la postre también tienen un plan como la ardilla o el azor?.
De todas formas la intención de la ingenua ardilla no es preservar el fruto para que pueda ser origen de un nuevo árbol y su actividad y efectos dista bien poco de la de bacterias e insectos.

Pero a todo esto y luego de considerar a estos naturales actores no puedo si no abastecerme de este cúmulo de aspectos que rodea al evento que es uno mas de la singular naturaleza y quizá el menos relevante de aquellos que acontecen cerca de nosotros, para hilvanar unas simples especulaciones.

Si fuera ardilla, ¿ dónde guardaría todo aquello que espero conservar para el futuro?. ¿ Qué o quienes me contemplan amenazantes con el firme propósito de desbaratar mis planes y echar por tierra tanto proyectos como esfuerzos ?. ¿ Qué mefiticos ultrajes pueden corromper mis intereses en tener un mañana para los frutos de hoy ?. Y por último, si finalmente mis enemigos no me permiten alcanzar el futuro ¿ por qué preocuparme del éxito de mi despensa si al fin y al cabo no seré yo el beneficiado de su contenido luego de ir y venir, bajo el vendaval de los días y los chasquidos de la noche, denodadamente de aquí para allá como ingenua ardilla acumulando provisiones para una eventual supervivencia?.

La razón de este relato es subrayar las dos características fundamentales que abre ante nosotros la realidad contingente del futuro :

- Que de poco vale hacer reservas para un porvenir inexistente.
- Que hay que hacer acopio responsable para disfrutar de un mañana dichoso.

Lo terriblemente hermoso es que ambas consideraciones no se anulan si no que se sustentan la una sobre la otra. En una damos la razon a los parásitos y en la segunda nos bendice la posible germinación de un árbol.

Elijan ustedes la que más le convenga.

viernes, 19 de julio de 2013

Boca abajo.

No tiene sentido imponer a los objetos una determinada postura tan sólo porque despierta en nosotros una oscura interpretación del efecto.
Los vasos no pueden respirar boca abajo, todo el mundo lo sabe.
Al menos yo se lo oí decir a uno cuando un día, distraídamente, lo deposité sobre la inhóspita bayeta escurreplatos. Me miraba al principio como quien espera que inmediatamente el error cometido fuera enmendado. Pero no siendo así y pasado un rato - calculo que unos cuarenta minutos - mientras me disponía a ver la tele oí un ruido en la cocina que me hizo girar visita a aquella dependencia.
En el suelo, los fragmentos rotos ( supongo que a todos os habrá pasado que siempre hay más fragmentos que vaso ) del pobre yacían desordenados en profundo y definitivo silencio.
Sencillamente dejó de respirar y murió. Lo de " oí decir " era un adorno literario, vosotros comprenderéis ...

Días después tuve que comprar veneno para ratones. Aún así creo que es una lástima dejar cualquier cosa boca abajo. Abre mas posibilidades al infortunio.

A tientas.

Entro o salgo. Sí, en verdad dudo si dar un golpe sobre el signo ? del teclado.
Pero hoy prefiero salirme del marco y rodar por la pared desnuda. No olvides que soy un geco y los gecos tienen esa fatigosa habilidad. Porque es cierto que es cansado ir luchando paso a paso contra una terca ley, cómo la llamáis vosotros, ah si, de la gravedad.
No es grande la sala y al cabo de poco vuelvo al borde del cuadro. No olvides tampoco que en su centro hay un espejo y tu rostro se refleja en el.
Reitero mi estado de pereza y prefiero internarse bajo su oscuro ensamblaje.

( y así termina esto ).
Una sin foto.

Para qué la luz?. Y el sonido ?. Para cuándo el silencio centímetro a centímetro instalado en nuestras voces?.
Sobre la mesa.
No lo ves?. Si te acercaras despacio, a oscuras, en la noche, con los ojos cerrados, cansado y aburrido del canto adormecedor de tus pensamientos quizá lograrías adivinar que es un despertador.
Qué es un despertador ?
Me consuela adivinar que no es una broma tu apasionante respuesta.
Acaso insinúas que lograste llegar hasta aquí no huyendo de su cruel castigo si no empujada por feraces vientos ?
Quizá sea tan retórica mi pregunta como estúpida tu vacilación en el último instante, cuando dije aquello de feraces vientos...
La costumbre muestra el camino al ignorante. No te ofendas, aún no conoces mi próximo movimiento.

( tomo el despertador, doy cuerda al mecanismo y lo hago sonar estrepitosamente ).

Ahora es cuando deberías enfadarte conmigo. Ahora que te he hecho volver de tus sueños.

martes, 11 de junio de 2013







Del olvido.

Trazo a trazo todo contiene tu singular caligrafía.
La ventana propone el paisaje y su marco abraza como un párpado inocente
la novedad de un instante que me sustancia.

Mi bandera está en tus colores, mi cielo duerme en tus acuarelas y en mi pecho se agita
la bondad de los lápices que iluminaron tu rostro.

No son los naipes sobre la mesa las palabras cosidas a mi pensamiento ni el delirio inconsciente
que me arrastra a repetir tu nombre, sino esa endecha prendida en la oscuridad de mis pulsos.

Juego a limpiar con las mareas las derrotadas huellas del pasado; pero tu mar me las devuelve
como si nuevamente tuviera que elegir tu destino.

Repito tu música, tarareo tu melodía en la rompiente del alba. Me salpican tus olas
y es como en medio del bosque
oír el fuego que me aguarda en el dulce sosiego de tu promesa.

La llamada a la oración, el eco intruso de una campana que lejos de anunciar una hora
predice un nuevo descubrimiento, me seduce.

Ni toda la sal del mundo podría hacer infértil la memoria que guardo de tu ausencia.